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Hoy
Camino entre la multitud respetuosa al compás de los tambores, los diablos esgrimen el fuego iluminando las calles estrechas, es la fiesta del fuego y la civilización celebra sus mitos en comunión. Adoro el olor a pólvora festiva, también el del incienso de mi infancia católica practicante. El cielo y el infierno se funden en un único olor antiguo, el hombre conjura sus dioses y demonios celebrando el dominio de los elementos.
Ayer
Compré un libro de poemas de una amiga que se me reveló diferente, supe que la diferencia estaba en mi forma de mirar, y supe que además de lo que dijo el zorro, lo que dijo Diego, también lo invisible es esencial a los ojos.
La semana pasada
Hace meses que no llueve, las plantas de mi patio reciben sedientas de mis manos el agua que escatimo a las prohibiciones de riego, le dicen restricciones. Sustituyo petunias y gardenias por cactus y crasas, humus y hiedras por gravas y basaltos , me adapto al calentamiento pero conservo el jazmín, no concibo las noches de verano sin su cálido aroma, se dice que relajante y apaciguador de angustias.
Desde hace un tiempo
Mi-E regresó y se instaló en mi vida, todavía no en mi corazón que no consigue cicatrizar. Ejerzo el maltrato en los límites del subconciente y el sentimiento se encarniza contra la razón. Como terapia psicodramática me entrego triangularmente a mi amante de maravillosa sonrisa y a mi pasado con vocación de proyecto. Ellos se hermanan y celebramos la canción “A l’ombre des maris” de Brassens. Conjuro mis dioses y demonios particulares a través de la fiesta de los sentidos.
Siempre
De todo esto y más cosas quisiera hablar cuando enciendo el ordenador y juego a la carta blanca hasta dolerme los ojos para escapar a la conciencia.
En este instante
Reivindico la vida a través del espejo que es el blog y la palabra.
Camino entre la multitud respetuosa al compás de los tambores, los diablos esgrimen el fuego iluminando las calles estrechas, es la fiesta del fuego y la civilización celebra sus mitos en comunión. Adoro el olor a pólvora festiva, también el del incienso de mi infancia católica practicante. El cielo y el infierno se funden en un único olor antiguo, el hombre conjura sus dioses y demonios celebrando el dominio de los elementos.
Ayer
Compré un libro de poemas de una amiga que se me reveló diferente, supe que la diferencia estaba en mi forma de mirar, y supe que además de lo que dijo el zorro, lo que dijo Diego, también lo invisible es esencial a los ojos.
La semana pasada
Hace meses que no llueve, las plantas de mi patio reciben sedientas de mis manos el agua que escatimo a las prohibiciones de riego, le dicen restricciones. Sustituyo petunias y gardenias por cactus y crasas, humus y hiedras por gravas y basaltos , me adapto al calentamiento pero conservo el jazmín, no concibo las noches de verano sin su cálido aroma, se dice que relajante y apaciguador de angustias.
Desde hace un tiempo
Mi-E regresó y se instaló en mi vida, todavía no en mi corazón que no consigue cicatrizar. Ejerzo el maltrato en los límites del subconciente y el sentimiento se encarniza contra la razón. Como terapia psicodramática me entrego triangularmente a mi amante de maravillosa sonrisa y a mi pasado con vocación de proyecto. Ellos se hermanan y celebramos la canción “A l’ombre des maris” de Brassens. Conjuro mis dioses y demonios particulares a través de la fiesta de los sentidos.
Siempre
De todo esto y más cosas quisiera hablar cuando enciendo el ordenador y juego a la carta blanca hasta dolerme los ojos para escapar a la conciencia.
En este instante
Reivindico la vida a través del espejo que es el blog y la palabra.

